Al norte del reino oscuro de
Mordor, entre la cordillera de Emyn Muil y la llanura de Dagorlad, se extiende
una vasta región pantanosa conocida como las Ciénagas de los Muertos Sus aguas
son pútridas y enfermizas, repletas de lodazales traicioneros y vegetación
malsana., con pocos lugares en donde las tierras eran firmes y secas. A
consecuencia de los gases de putrefacción, en numerosos sitios se producían súbitas
llamaradas de fuego o permanentes hogueras que ardían con luz tenue.
En avance permanente, las
Ciénagas de los Muertos se extendieron en la Tercera Edad e inundaron parte de
la llanura de la batalla de Dagorlad. Esta llanura contenía muchas de las
tumbas de hombres y elfos que murieron en esta batalla de la Guerra de la Última
Alianza entre elfos y hombres, de forma que muchos espectros afloraron en la
superficie del pantano en forma de caras pálidas, iluminadas por vapores y
llamas fantasmales que surgían de las aguas.
Frodo, Sam y Gollum atravesaron
esta región, en su misión durante la Guerra del anillo buscando el camino de
entrada a Mordor, ya que los sirvientes de Sauron no se atrevían a transitar el
lugar.
Allí encontraron los horribles
fantasmas del «pantano de las caras muertas», en donde los espíritus animados
de guerreros muertos hacía mucho tiempo atrás y ataviados con sus ropajes de guerra,
miraban con ojos desorbitados y muertos desde el fondo de las charcas, «como a
través de un vidrio cubierto de inmundicia».
“Sí, sí –dijo Gollum–. Todos
muertos, todos putrefactos. Elfos y hombres y orcos. La Ciénaga de los Muertos.
Hubo una gran batalla en tiempos lejanos, sí... Pero las ciénagas crecieron
desde entonces, engulleron las tumbas; reptando, reptando siempre”.